Nosotras

Juana de Lestonnac
Una llama que es llamada

Nuestra Fundadora nace en Burdeos, Francia, en 1556. Hija de Juana Eyquem de Montaigne y Ricardo de Lestonnac, Consejero del Rey en el Parlamento de Burdeos. Pertenece a una familia relevante desde el punto de vista social, político y cultural.

Heredera de una cultura humanista por línea materna, su tío Miguel de Montaigne, autor de los “Ensayos”, ejercerá una importante influencia en su formación.

Compañía de María
Un futuro con historia

La novedad que supone en este momento de la historia -1607- la formación integral de la mujer, abre caminos nuevos a la transformación de la sociedad y a la Vida Religiosa en la Iglesia. Una impronta que configura, a lo largo del tiempo, la identidad de nuestra Institución. Una primera comunidad, situada en la calle del Hâ de Burdeos, da vida a aquella intuición arraigada en el corazón de Juana: “la mujer debe ser salvada por la mujer misma”.

Espiritualidad
El lenguaje de Dios

Juana de Lestonnac en la “Noche del Cister” comprende que ella no debe ser sólo para Dios, que este Dios le invita a “tender la mano” educativamente. En el discernimiento para concretar esta invitación del Señor, encuentra en la espiritualidad ignaciana la forma de vivir ese nuevo camino apostólico al que es llamada. Los Ejercicios Espirituales de San Ignacio y las Constituciones de la Compañía de Jesús, son punto de referencia para plasmar, con la originalidad y matices propios, el don que Dios, a través de ella, tenía reservado para la Iglesia y para el mundo.

Contemplación y acción; búsqueda de la voluntad de Dios a través del discernimiento; disponibilidad para ir allá donde sea necesaria nuestra presencia en cualquier parte del mundo; buscar y hallar a Dios en todas las cosas. Son algunos de los elementos esenciales de nuestra espiritualidad.

María, Nuestra Señora, es nuestro modelo y referente. En ella encontramos la síntesis de nuestra identidad.

Un corazón universal.
Unidas para el “más” de la misión

Presente en cuatro continentes, la Compañía de María es hoy una Institución internacional que responde con creatividad al envío que la Iglesia universal le hace para la construcción del Reino.

El deseo de Juana de Lestonnac: la unión de todas las casas a través de una fórmula que asegurara “la unidad orgánica del Cuerpo Apostólico”, no fue posible desde el principio, no obstante, esta intuición y la pronta expansión de la Compañía de María, marcaron ya en los orígenes un dinamismo que ha permanecido a lo largo del tiempo.
Desde 1607 hasta 1921 cada Casa mantuvo su autonomía, sin embargo la comunicación frecuente que Juana mantuvo con cada una de las casas y después la de las Casas entre sí, fue configurando una relación capaz de mantener “la unión de corazones” a través de los siglos.

En 1921, la Iglesia aprueba la unión de las Casas a través de un Gobierno General. Este, ubicado en Roma, es signo de la universalidad y unidad de la Compañía. Desde ese momento, la Orden de la Compañía de María Nuestra Señora está organizada en Provincias y Delegaciones Territoriales. Las comunidades religiosas, que forman parte de las mismas, llevan a cabo su proyecto apostólico en los lugares en los que están presentes, a través de diferentes plataformas apostólicas propias o en colaboración con otras instituciones eclesiales o sociales.

Educamos personas, transformamos el mundo

La visión cristiana de la persona, de la vida y del mundo, la influencia humanista de Miguel de Montaigne y el deseo de colaborar en la construcción de una sociedad más justa e inclusiva, que haga visible el Reino de Dios, definen el horizonte de nuestra acción educativa.