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J. de Lestonnac

“Amigas fuertes de Dios” ¿amenaza? ¿para quiénes?

Mayo 2014 | ODN |

El pasado mes de febrero Clara María Temporelli, religiosa de la Compañía de María, publicó el libro "Amigas fuertes de Dios".

Martirio de las monjas:

Alice Domon y Léonie Duquet
+ 1976, en Argentina

Ita Ford, Maura Clarke, Dorothy Kazel, Jean Donovan
+ 1980, en El Salvador

Teresita Ramírez Vargas
+ 1989, en Colombia

Dorothy Stang +2005, en Brasil


Editorial: 
ODN Provincias
Prólogo: José Ignacio González Faus, sj
28 de febrero de 2014

La intención de este libro ha sido rescatar de la desmemoria a estas mujeres anónimas para la sociedad en general, cuya vida fue sencilla, entregada y casi sin relevancia como la de María de Nazaret. Son símbolos de otras muchas mujeres que se ven expresadas en ellas. Mujeres necesarias, aunque olvidadas, porque su recuerdo suele molestar. La historia de cada una acaba siendo una rápida (e incompleta) antología de la increíble maldad y la inaudita bondad que cabe en el ser humano. Como dice González Faus sj: no se leen unas páginas así quedándose uno igual, pues como expresara Magdeleine Debrêl: “el que ha visto tanta miseria injusta ya no será el mismo para el resto de su vida”.

Santa Teresa de Jesús pedía a sus monjas que fueran “Amigas fuertes de Dios”, pues sólo desde esta relación se podía ser feliz, descubrir el sentido de la Vida Religiosa, y realizar la renovación que, en ese momento, necesitaba la Vida Consagrada y Carmelitana.
En la historia Dios sigue revelándose a través de sus amigos y amigas, en este caso son “Nuestras Mártires”: Alice, Léonie, Ita, Maura, Dorothy K, Jean, Teresita, Dorothy S., quienes nos ayudan a hacer una lectura teologal del paso de Dios.
Las mártires nos ponen frente a los grandes desafíos que supone la articulación de los poderes económicos, militares y mediáticos, a lo que se añade el problema ecológico. Cada lector y lectora podrá encontrarse con ellas, consigo mismo y con Dios Padre-Madre, Amigo-Amiga, Dador de la Vida, ante quien dar su palabra y comprometer su vida. Para ello, el texto nos ayuda tanto a contemplar cada vida y cada contexto, como a comprender y volver a hacer memoria de la Vida Religiosa que ellas vivieron y estamos invitados a vivir. Una vida llamada a renovar la mística y el profetismo de la fe y la justicia. Y por lo mismo, una vida que engendra mártires (cruentos e incruentos). Mártires para quienes la existencia de Jesús es luz y punto de partida.

Al final del libro, se presentan algunas constantes comunes que estas mujeres vivieron: la espiritualidad de la resistencia y la encarnación que les anima y sostiene; la capacidad de articular la justicia y el cuidado de la vida; la bendición que supone la posibilidad de compartir la vida y la fe en comunidad y el don preciado de la amistad. Nos ayuda a ahondar en estos aspectos la Palabra de Dios que destaca a algunas antecesoras como “las mujeres del éxodo”, “Rut y Noemí”; también el hacer memoria personal de aquellas y aquellos que han dejado huella y han abierto caminos.

Desde la herencia de mujeres y hombres que derramaron su sangre por la causa del Reino, reconocemos la historia como lugar donde Dios nos habla y anima a reproducir, con valor la audacia, la creatividad y la santidad de su Hijo y de sus seguidores, para dar respuesta hoy a los signos de los tiempos, de manera que podamos contribuir a elaborar y llevar a cabo nuevos proyectos de evangelización para las situaciones actuales.
 

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