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J. de LESTONNAC

"La oportunidad de acercarme a la vida de una mujer extraordinaria que logró llevar adelante una propuesta revolucionaria"

Marzo 2015 | ODN |

La revista del Centro de Estudios de la Mujer de Lima publicó una entrevista a Pablo Zubizarreta, director del documental Juana de Lestonnac, o morir o actuar.

Entrevista publicada en: Revista Historia de las Mujeres, Nº.159, marzo-abril, 2015.
Autora: Sara Beatriz Guardia


Desde septiembre del año pasado, el film Juana de Lestonnac, o morir o actuar, del cineasta argentino Pablo Hernán Zubizarreta, se ha estrenado en varios países, concitando un merecido reconocimiento, resultado de cinco años de intenso esfuerzo por reconstruir la vida de Juana de Juana de Lestonnac.

Pablo Hernán Zubizarreta trabajó en Canal Encuentro, Canal del Ministerio de Educación de Argentina en el 2007 como guionista y realizador de distintos documentales históricos, y coordinador de la serie Pueblos Originarios. Después fue Director para el reality show Survivor para FOXTV de Serbia, BTV de Bulgaria, y ShowTV de Turquía, rodados en Panamá, Filipinas y República Dominicana. Dirigió la 2da Unidad de la miniserie de ficción Epitafios II (HBO). Así como tres largometrajes documentales: Bulles, 4 de Julio- la Masacre de San Patricio (ganadora de 2 Premios Cóndor de Plata y distintos premios internacionales) y Jeanne de Lestonnac: Mourir ou aggir (KTO France- ODN).

Hablemos de Juana de Lestonnac

Cuéntanos sobre la vida de Juana, su infancia, el conflicto entre un padre católico y una madre calvinista, la influencia que recibió de Miguel de Montaigne, y de qué manera la cultura renacentista marcó su educación?

Juana de Lestonnac nació en Burdeos el 27 de diciembre de 1556 en medio de las disputas y enfrentamientos suscitados durante las guerras de religión (1558-1598). Hija primogénita de Ricardo de Lestonnac, noble magistrado, consejero del Parlamento de Burdeos y asesor en asuntos religiosos, reconocido por su firme defensa de la fe católica. Su madre, Juana Eyquem de Montaigne, hermana del filósofo humanista Miguel de Montaigne (1533-1592), se benefició de la educación liberal y humanista que se impartía en su hogar, llegando a dominar perfectamente el griego y el latín. Como muchas mujeres de su época, interesada en el debate teológico, adhirió las ideas de la Reforma protestante introducidas en Francia a través de la figura de Juan Calvino (1509-1564).

La selecta cultura renacentista marcó decididamente la educación de Juana de Lestonnac y su trayectoria personal. No sólo recibió instrucción en el seno de su hogar, sino que su familia solía recibir a los Magistrados del Jurado local y a los intelectuales del Círculo de Burdeos.

En el siglo XVI el reino de Francia vivía años difíciles, con una sociedad dividida. El protestantismo pretendió reformar la Iglesia católica produciéndose una serie de enfrentamientos civiles como resultado de las diferencias irreconciliables entre católicos y hugonotes. Se rompió la unidad religiosa de los cristianos en Europa, y las instituciones religiosas atravesaron un profundo deterioro. Los desacuerdos de la sociedad repercutieron también en el seno de las familias. Su madre la instruía en su fe, y siendo pequeña, Juana la acompañaba a las asambleas calvinistas. Mientras que su padre y su tío, tuvieron una gran influencia en su formación religiosa.

¿Se advierte una vocación religiosa muy fuerte desde la infancia ó la decisión de ingresar al convento fue resultado de la pérdida del esposo, de su hijo mayor, de su padre, y de su tío. Todo en un mismo período?

El 22 de septiembre de 1573, a los 17 años, contrajo matrimonio con Gastón de Montferrant, Barón de Landirás y de la Mothe en la Iglesia de San Eloy. La joven pareja se trasladó a Landirás. Allí Juana atendió las necesidades de las numerosas familias que trabajaban al cuidado de las viñas de la Baronía. Juana y Gastón vivieron 24 años juntos, tuvieron siete hijos, cinco de los cuales llegaron a la edad adulta.

En 1598, Enrique IV de Francia firmó el edicto de Nantes, a través del cual se declaró al catolicismo como religión dominante en el reino, al tiempo que se autorizaba la libertad de conciencia a los protestantes calvinistas, se les otorgó el derecho a desempeñar cargos y se les garantizó protección contra la Inquisición en el extranjero. Si bien el ejercicio del culto protestante estuvo limitado a determinadas zonas geográficas, se les confirió a católicos y protestantes el mismo estado civil, sentando las bases para la conformación del Estado Moderno al separar la política de la religión. Sin embargo, y a pesar de asegurar la coexistencia de ambas religiones, las minorías religiosas continuaron siendo perseguidas y expulsadas de Francia.

Juana de Lestonnac, Baronesa de Montferrant, presenció un período de recuperación de las instituciones eclesiásticas. El Concilio de Trento, que tuvo lugar entre los años 1545 y 1563, promovió la recuperación de la iglesia católica. La respuesta a la reforma protestante, conocida como la Contrarreforma, pretendió poner fin a los abusos cometidos y a los años de decadencia sufrida por el catolicismo. La figura de Ignacio de Loyola y la orden fundada por él, la Compañía de Jesús, juega un papel fundamental en la creación de los seminarios para la formación del clero y la educación de la juventud.

Estos vientos de renovación ocurrieron en un período en el cual Juana tuvo que enfrentar la muerte de sus seres más queridos: su tío Miguel y su padre, Ricardo. Posteriormente, en 1598 murió su marido, Gastón de Monferrant, y su hijo mayor. Viuda a los 41 años asumió la responsabilidad de la educación de sus hijos según la tradición humanística de su familia, y pasó a administrar sus posesiones y haciendas hasta que su hijo pudiera heredar.

Preparó la boda de su hijo Francisco que en julio de 1600 se casó con Margarita Calzalis y, como había dispuesto, dejó todos los asuntos de Landirás a su cargo. Se convirtió así en el heredero de los viñedos de la Baronía. También se produjo un importante acontecimiento, dos de sus hijas, Marta y Magdalena entraron en el convento franciscano de las Anunciadas de Burdeos.

La muerte de su marido dio a Juana la oportunidad de dedicar su vida a los demás. En 1603 ingresó en una Orden religiosa contemplativa: Las Feuillantines de Toulouse. Tomó el hábito el 11 de junio, y según la costumbre de la Orden se llamará a partir de entonces, Hermana Juana de San Bernardo. Seis meses de generosa entrega y rigurosidad. Su salud se resintió al punto que tuvo que dejar el Monasterio. Juana descubrió así que no estaba llamada para la vida contemplativa y la severidad de la reglas monásticas. Teresa de Jesús en España, había logrado que las religiosas de los conventos de Carmelitas, volvieran al fervor primero de la fundación. Este ejemplo despierta en Juana el deseo de hacer posible una situación similar en los monasterios de Francia.

¿En qué circunstancias es que Juana empezó a pensar en la educación de las mujeres?

A su regreso a Burdeos, se retiró en sus tierras de la Mothe y atravesó un período de discernimiento, en el que perfila un nuevo Instituto dedicado a llenar una carencia de Francia del siglo XVII: La educación femenina, a la par que vislumbró la posibilidad de una vida religiosa de oración con un trabajo apostólico de servicio a la sociedad. Inspirada en la figura de la Virgen María, delimitó el modelo de vida religiosa que será su rasgo distintivo: la unión de la vida contemplativa y activa, la vida monástica en torno a la educación de la juventud de toda condición social.

En 1604 se declaró la peste y Juana viajó a Burdeos para atender a los enfermos. Trabajó con un grupo de jóvenes de la ciudad; días intensos dedicados al cuidado de las personas afectadas por la epidemia. Juana comunicó el “proyecto educativo” a sus jóvenes compañeras quienes se sintieron atraídas por su personalidad y sus ideales.

Poco después, Juana tomó contacto con los Padres De Bordes y Raymond, de la Compañía de Jesús, y en 1606 redactó la Fórmula del Instituto, adaptando las Constituciones de la Compañía de Jesús a una Orden femenina. Su ideario de trabajar por la educación integral de la mujer según las bases del humanismo cristiano, aunado a la virtud y la ciencia, debió evolucionar desde el ‘Abrégé’ o presentación de su proyecto a Francisco de Sourdis, arzobispo de Burdeos (marzo 1606) hasta el Breve de aprobación de Paulo V (7 de abril de 1607), quien lo aceptó sólo ‘ad experimentum’, mientras no se comprobara que la enseñanza en escuelas públicas era compatible con la clausura propia de una Orden religiosa. A lo largo de ese proceso, el programa de Juana de Lestonnac sufrió, de parte de las autoridades eclesiásticas, recortes esenciales.

Firme en su proyecto de llevar a cabo la primera adaptación de la Ratio Studiorum (metodología jesuita) a la educación de la mujer, logró conjugar clausura-educación pública con una disposición de sus edificios: la iglesia, que ocupa un lugar central, actúa como elemento divisorio y a la vez unificador entre los otros dos cuerpos esenciales, el convento y el pensionado- escuela.

El ayuntamiento de Burdeos le prestó su apoyo en el otoño de 1608; meses más tarde, Juana de Lestonnac, recomendada por la reina María de Médicis, consiguió el reconocimiento del rey Enrique IV y, con ello, la autorización para establecerse en otras regiones de Francia. La experiencia de Burdeos fue pronto conocida en otros lugares y se sucedieron las peticiones para establecer iguales escuelas en varias ciudades. La expansión se inició en Béziers en 1616, y significó un reconocimiento de la Santa Sede, de la viabilidad clausura-enseñanza pública.

Juana regresó a Burdeos y allí trabajó incansablemente. El 14 de junio de 1638, firmó el primer libro de las Constituciones. Murió el 2 de febrero de 1640, a los 84 años de edad, habiendo fundado 30 casas de La Compañía de María en Francia. En Roma, el 15 de mayo de 1949, fue canonizada por el Papa Pío XII.

“Sólo la mujer puede salvar de la ignorancia a la mujer”

La enseñanza de las niñas ya existía en Francia desde la Edad Media. Fraternidades de beatas o terciarias dominicas o franciscanas se ocupaban de la educación de las jóvenes. A lo cual habría que añadir los monasterios de monjas que recibían en el recinto de sus monasterios a jóvenes que viviendo con las religiosas recibían una esmerada educación. La originalidad de Juana de Lestonnac consistió en aunar el apostolado de la enseñanza con la vida contemplativa.

Mujer de espíritu abierto, profunda conocedora de la problemática de su época, fue capaz de implicarse en la búsqueda de soluciones y optó para encauzarlas por la educación del sector más desfavorecido de entonces: las mujeres.

Su Proyecto educativo habla de receptividad, de la capacidad de dejarse impregnar por la diversidad, con el objetivo de trasladar al campo educativo varias aportaciones de su tiempo. Algunas ideas calvinistas, el humanismo de Miguel de Montaigne, la experiencia Ignaciana y el sistema pedagógico de los Jesuitas, se unieron a su larga e intensa experiencia de vida, y constituyeron la base para su elaboración.

El ritmo fundacional experimentó notables variaciones con el tiempo: una primera fase hasta la muerte de Juana de Lestonnac en 1640, se caracterizó por su fuerte dinamismo con un total de treinta conventos-escuelas; la segunda, comprendida entre 1640 y 1670, muestra un crecimiento lento pero regular, período en el que se fundaron otros veintitrés conventos-escuelas; en la tercera fase, años 1670-1698, se fundaron sólo dos, ambos en España. La fundación de Barcelona en 1650 supuso el inicio de un cambio respecto a la educación de las mujeres en España.

En Francia, la férrea crítica al pasado propia de los últimos años del siglo XVII, desencadenó una gran ofensiva en el campo educativo hacia un cambio radical. Debía darse a la escuela un carácter nacional y considerar la educación como un deber y derecho obligatorio del Estado. En noviembre de 1789, los bienes de la Iglesia fueron nacionalizados. En 1792, las cincuenta y dos Casas que la Orden poseía en Francia al iniciarse la Revolución Francesa, desaparecieron. Un año después, la revuelta negra del 20 de junio de 1793 acabó con la obra educativa de Cap-Français (Haití) y con la vida de la mayor parte de la comunidad. En consecuencia, la Compañía contaba al final de este siglo sólo con un total de trece Casas, diez en España y tres en la América española.

Actualmente, 400 años más tarde, la Compañía de María está presente en 26 países de cuatro continentes: África: República Democrática del Congo, Camerún, Kenia, Tanzania y Egipto; Asia: Japón, Filipinas y Líbano; América: Estados Unidos, México, Nicaragua, Cuba, Colombia, Perú, Bolivia, Paraguay, Chile, Brasil y Argentina; Europa: Francia, España, Bélgica, Italia, Inglaterra, Holanda y Albania.

¿Por qué un documental sobre una mujer que nació hace 458 años? 

La cuestión de la vida religiosa se “impuso” literalmente en mi vida. ¿Por qué elegir la austeridad de una vida religiosa en un mundo en constante transformación? ¿Cómo conservar intacta la fe, puesta a prueba cotidianamente en el contexto de una religión Católica en retroceso? ¿De que manera las ideas de una mujer del siglo XVI se encarnan y dan respuesta 400 años más tarde ?

Todas estas preguntas me tocaron de cerca en el momento en que mi hermana mayor decidió de un momento a otro (al menos desde mi percepción de adolescente) entrar en la Orden de la Compañía de María. Con 30 años recién cumplidos, luego de egresar de la Universidad de Buenos Aires como Trabajadora Social decidió un día dejarlo todo, para entrar en la vida religiosa. Fue una decisión difícil de comprender para mi familia y para mí.

Habiendo tomado conocimiento de mis trabajos cono realizador audiovisual, la Madre General de la Orden, Beatriz Acosta y su equipo me propusieron hacer un film sobre Juana de Lestonnac y su obra.

Fue entonces que tuve la oportunidad de entrar en este mundo desconocido para mi, al que mi hermana había dedicado su vida. Fue la oportunidad también de acercarme a la vida de una mujer extraordinaria que en un contexto extremadamente adverso logró llevar adelante una propuesta revolucionaria en el marco de la institución eclesiástica.

“O muro o marido” eran las opciones para una mujer en esa época. El muro era la vida religiosa de clausura, única vida posible para la mujer en la Iglesia. Juana llego para cambiar esto. Si bien no fue aceptada su propuesta inicial por las autoridades de la Iglesia, ella supo superar esta situación adversa en forma creativa, realizando una invención arquitectónica : el Convento-Escuela.

Tuvo la intuición de crear un espacio « neutro » entre ambos mundos : El aula. Allí entraban por una puerta desde la clausura todos los días las monjas y por otra puerta desde la calle las alumnas. De este modo, la Clausura estaba respetada, pero en un espacio externo al convento. Este simple detalle permitió a las niñas y las religiosas convivir en un espacio educativo y eludir una realidad adversa.

Juana de Lestonnac, logro educar a las mujeres de su época, dándoles instrumentos para salir de una situación de desvalía. Su concepción Humanista del mundo trasciende el tiempo y la distancia y se transforma en universal. De allí la importancia de hacer una película sobre este tema.

¿En qué sentido este documental ha cambiado tu visión del acceso de las mujeres a la educación?

En realidad mi conocimiento sobre el tema era prácticamente nulo. Mas que nada sirvió para descubrir, tomar conciencia de la situación de desigualdad y de lucha de las mujeres a través de los siglos. En este caso, en el marco de una institución de 2000 años como la Iglesia y en el ámbito educativo.

¿Qué ha significado para ti filmar esta película viajando por tantos países?

Este viaje me permitió atravesar realidades muy distintas como la de Japón, Colombia, Egipto, Europa y la República Democrática del Congo. Fue muy importante para ayudarme a valorar con mas precisión el mundo en el que vivimos.
Relacionarme en forma directa con aquello a lo que estamos acostumbrados a conocer a través de las innumerables y extensas vías de comunicación, pero que en definitiva nos hacen tener una visión extremadamente parcial de lo que ocurre “allí afuera”.

Me quedo con las caras de todos esos niños y niñas que me toco observar y filmar. Algunos ricos otros pobres, musulmanes y cristianos; negros, blancos y amarillos: a todos ellos les espera una vida muy diferente. Sin embargo, en todos pude ver la misma ilusión y fuerza creadora, las mismas ganas de descubrir el mundo y aprender, la misma humanidad. Creo que esas son las imágenes que resuenan con mas fuerza en mi cabeza.