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Jornada de la Vida Consagrada 2015. Amigos fuertes de Dios

2 de febrero | ODN |

Mensaje de la presidencia de CONFER para la Jornada de Vida Consagrada del 2 de febrero de 2015.

«Querríalas mucho avisar que miren no escondan el talento,
pues que parece las quiere Dios escoger para provecho de otras muchas,
en especial en estos tiempos que son menester amigos fuertes de Dios para sustentar los flacos».


(Santa Teresa de Jesús, Libro de la vida 15, 5)

 


Queridas hermanas, queridos hermanos:

La expresión de la Santa de Ávila, AMIGOS FUERTES DE Dios, es el lema de nuestra Jornada en este año, con el Jubileo Teresiano en España y la dedicación a la Vida Consagrada en la Iglesia universal. Un lema que puede evocar, entre otras cosas de Dios, la necesidad de evangelización de la propia vocación para anunciar con nuestra vida consagrada la Buena Nueva de Jesucristo.

En tiempos desconcertantes, sorprendentes, «recios» (Libro de la Vida 33,5), Teresa de Jesús propone un estilo nuevo de ser persona consagrada. Un modo aguerrido, sin excusas, sin falsas humildades, sin apocamientos, donde no se escondiera el don de Dios que recibe cada una, se acoja con gozo al Señor y se tome conciencia de ser piedras vivas. Y esto se lo dice a quienes ya están en esa vida, para ellas mismas y para que cuiden y sostengan a quienes están por llegar. En su época, en su circunstancia concreta, ante las adversidades, ella afirma que «se necesitan amigos fuertes de Dios para sostener a los débiles» (Libro de la Vida 15,5). Fortaleza a la que invita la Santa contra toda tibieza, contra todo desmayo, contra toda flaqueza, contra toda autorreferencialidad.

Esta propuesta de Teresa es la que, desde la alegría del encuentro con Jesús y su seguimiento más en libertad y más de cerca, nos recuerda el papa Francisco en este Año de la Vida Consagrada: «un modo distinto de hacer, de actuar, de vivir». Un modo alegre, comprometido, orante, fraterno, misionero, misericordioso, transformativo. Una vida consagrada impulsada por una animosa amistad con Dios, que no es conquista por la realización de proezas humanas. Una vida consagrada que ha de construirse con el consentimiento libre, voluntario, humilde y gozoso para que Cristo habite el corazón humano. Consentimiento para dejar actuar al Señor a través de la persona. Consentimiento que llevará a «despertar al mundo». Algo que solo es posible con una intensa vida de oración, tratando de amistad, estando muchas veces a solas con quien sabemos que nos ama (cf. Libro de la Vida 8,5). Esa amistad que nos lleva a la otra orilla, a las otras orillas, aunque el mar se encrespe.

La reforma de Teresa, la exhortación de Francisco, la intención de nuestros fundadores y fundadoras, inspirados por el Espíritu, son distintos y ricos reflejos de la novedad de Jesús en la Iglesia para el mundo. Se trata de poner a Dios en el centro, en el de nuestra vida consagrada, sin reservas. Y, al tiempo, anunciar la Buena Noticia de Jesucristo y del Reino, como vida consagrada en una Iglesia misionera, “en salida”. Como vida consagrada que ama y afronta con coraje este mundo que está ardiendo y necesita transformarse por la misericordia y la justicia de Dios para arder de otra manera, en el fuego del amor del Padre. No es cosa de poca monta. «No, hermanas mías, no es tiempo de tratar con Dios asuntos de poca importancia» (Camino de perfección 1,5). Para este ideal andariego contamos con sabiduría de pasado, pasión de presente y esperanza de futuro en un modo de vida fielmente evangélico, configurándonos con Cristo Jesús (cf. Gal 4,19), dejando crecer en nuestro interior sus pensamientos y sentimientos (cf. Flp 2,5), desde el encuentro personal con Él en una fuerte y sólida amistad, cimentada sobre roca.

Pero no es cosa de ir solos. Teresa no se fía de sí, con tantas luces como recibe, porque sabe que en el camino de la oración, de la relación con el Señor y de la evangelización hay muchos engaños. Y nadie hay tan listo que no necesite ayuda y dejarse aconsejar. Ella se pasa la vida preguntando y comunicando su alma, para que la desengañen, para encontrar la verdad. Por eso recomienda siempre hacerse espaldas, ayudarse unos a otros, buscar el apoyo y la comunicación, como medios ciertos para caminar sanamente (cf. Libro de la Vida 7,22). Hagamos espaldas en la vida fraterna en comunidad para vivir, testimoniar y contagiar la amistad fuerte con Dios en la vida consagrada. Para llegar donde Él nos lleve a los consagrados y consagradas, en comunión y misión con todo el pueblo de Dios.


Mª Rosario Ríos, odn
Vicepresidenta
Luis Ángel de las Heras, cmf
Presidente

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